domingo, 30 de agosto de 2009

Corazón gris

Miguel se sienta en la parte delantera del autobús. Guarda su pasaje en la cartera, justo al lado de una fotografía algo deteriorada por el tiempo donde aparecen dos enamorados. Me pregunto si los años habrán provocado el mismo efecto en la relación de ese par de jóvenes. Imagino que el anciano es el muchacho que aparece en la instantánea, y me da por supone que estuvo realmente enamorado de ella. Saca un pequeño peine del bolsillo, y mientras arregla su pelo blanco decido que seguramente, fue muy atractivo. Cuando termina, dirige la mirada hacia el conductor, ocupado en contar las monedas mientras conduce con la mano izquierda. Miguel también era zurdo, jugó en el equipo de su barrio y más tarde lo ficho uno de segunda división. También cuenta que tiene una hija que vive en el extranjero y un hijo que le hizo abuelo hace algún tiempo, pero el señor, que ya ha terminado de contar las monedas, no lo escucha. Creo que quiere que Miguel baje del autobús lo antes posible. El anciano sonríe sin ganas, entiende lo que el conductor está intentando decirle con el gesto de su cara. Guarda sus palabras para otro momento, quizá cuando alguien se interese en escucharlo. Mira hacia la calle, está lloviendo. Puedo ver el rostro de Miguel difuminado entre el cristal y las gotas de lluvia. Tiene la mirada triste y lo que es peor, vacía. Se levanta con dificultad, y antes de marcharse me dedica una especie de mueca que no se muy bien qué significa. Creo que se ha dado cuenta de que lo he observado durante todo el trayecto. El señor que no ha querido escuchar a Miguel arranca, y pierdo de vista al hombre de pelo blanco que no lleva paraguas y se está mojando. ¿Habrá alguien que lo espere en casa? Me siento egoista pensando que a mi si me esperan, y me invade la sensación de que el corazón de Miguel está tan gris como el día de hoy.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

me alegro de conocer a una persona como tu, no cambies vales muxo un beso

Jime dijo...

Pobre viejito! :( Como es la gente no? Uno solo espera recibir y da ni un minuto de su tiempo para hacer feliz alguien toda la vida.

galicia maravillas dijo...

a veces somos egoístas y desconsiderados, pero si nos damos cuenta, podemos rectificar e intentar no serlo la próxima vez :) todo lo demás igual, la lluvia, Miguel, el mismo conductor, la misma parada... pero con una mirada y una sonrisa, y las orejas de par en par :)

Ela dijo...

tal vez su dia no fue tan gris como lo parece!

ele* dijo...

me ha gustado tu blog. Sonreir es maravilloso. Nunca deberíamos olvidarnos de eso.
te sigo.

mua;)

Hollie Deschanel dijo...

Ya verás como aunque llueva en su corazón, pronto habrá alguien que lo espere.

Muás :)

Lucía Corujo dijo...

Bonito relato.
Algún día nosotros también seremos ancianitos y quizá buscaremos a alguien que quiera escuchar nuestras historias.
Un saludo!

Beatriz dijo...

Pero ya sabe que después de la tormenta siempre vuelve a salir el sol. Que bonito tu blog, te seguiré leyendo, un beso!

La.vida.en.un.segundo dijo...

ella es genial :D

Didi dijo...

creo que ahora que escribes esto, su día es un poco menos gris. porque te ha hecho reflexionar y queramos o no, de todo se aprende algo! y tu lo transmites a los demás mejor que nadie(L) oh te adorooo *_*me encanta tu blog!

Mario dijo...

Sarago contestó, hace mil años, que de mayor quería ser viejo. Cierto.
Tus letras, eso sí, son frescas, jóvenes y, además, emocionantes.

Escribo por la misma razón que respiro

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