domingo, 20 de enero de 2013

"En casa"


Un lugar siempre es más bonito cuando es imaginación y recuerdo; y no lugar. 
Quiero decir que deseamos más el sentirnos “en casa” cuando estamos al otro lado del mundo.

Yo me imagino a toda esa gente que vaga cada día por los subterráneos de Barcelona, de casa al trabajo y del trabajo a casa, pendientes del móvil, de las últimas facturas o de la prisa de la ciudad condal. Y luego me recuerdo a mí, cuando vuelvo, coleccionando billetes de metro, instantáneas absurdas de cualquier fotomatón, servilletas de algún bar de algún rincón que me recuerda a mi infancia y un puñado de nudos en la garganta cada vez que paso por el colegio donde hice mis primeros amigos. Y pienso en cómo sería si mi vida hubiese seguido allí; quizá criticaría a todas horas lo caro que está el transporte, el frío que hace por las noches en invierno y hasta tendría manía a la fachada naranja que esconde las clases en las que estudié. 
Pero lo cierto es que adoro viajar en autobús con la nariz pegada al cristal con vistas a la ciudad, echo de menos ponerme bufanda y anorak, la estufa vieja que mi madre preparaba a la hora de la ducha, y también el sonido de las pulseras de mi profesora de mi primaria cuando escribía en la pizarra. 
Y me gusta mirar a la gente que corre por Barcelona y se pierde lo bonito de estar allí. 
Y al final, me alegro de no haber tenido tiempo de cansarme de tantas calles cuadriculadas y de tanto cielo gris. Y de sentirme como en un sueño cada vez que vuelvo a casa, y que parezca que mi familia es más familia sólo por la ilusión de los reencuentros. 

Y por eso, el hogar se siente más hogar cuando lo echamos en falta, pese a lo duro de vivir lejos de los que queremos y de nuestra niñez, pese a la duda de cómo hubiese sido la vida desde cerca. Y creo que estar lejos tiene la mejor de las ventajas: la oportunidad y la esperanza de volver.

1 comentario:

Nerea dijo...

Preciosa la frase principal, la de la mariposa.

Me quedo.

Besos.

Escribo por la misma razón que respiro

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